Los pueblos pequeños tienen un gran problema con los cuidados de salud. Pero también tienen la resistencia necesaria para afrontar el problema. Los habitantes de las comunidades rurales viven casi tres años menos en comparación con los residentes de las zonas urbanas y son más propensos a morir prematuramente a causa de enfermedades cardíacas o un ataque o derrame cerebral.
Los motivos son variados y no siempre se comprenden.
Los mayores índices de consumo de tabaco, inactividad física, obesidad, diabetes y presión arterial alta aumentan el riesgo de padecer enfermedades graves. Las comunidades rurales se enfrentan a una escasez grave de profesionales de la salud. Es posible que la gente viva muy lejos de hospitales o clínicas. O bien pueden residir en “desiertos alimentarios”, que son lugares en los que no hay un acceso confiable a alimentos saludables.
A pesar de esto, las ventajas de la vida rural, incluido un fuerte sentido de la conexión, de vecinos que ayudan a vecinos, proporcionan una base sólida para superar estas disparidades de la salud.